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Vogue

Jolie de Vogue

María siempre trabajó con cosméticos, en su primer empleo inició como secretaria en una fábrica aprendiendo toda clase de labores, y de la cual fue ascendida al cargo de secretaria de importaciones, cargo que desconocía para ese entonces, pero que lo asumió con la eficiencia que la caracterizaba. Esta empresa llego a la quiebra, por lo que la llevó a presentarse a otra empresa de cosméticos donde aprendió lo suficiente, pero la mala situación financiera de la empresa la obligó de nuevo a tomar la decisión de retirarse.

Para ese entonces, María ya había conocido a Roberto y ya eran padres de cuatro hermosos hijos, su esposo había tomado la decisión de no volver a ser más empleado, así que juntaron sus cesantías y compraron una camioneta donde él vendía Alka-Seltzer, jabones, vaselinas y otros productos de ese estilo. María se enfrentaba a muchos esfuerzos en su anterior trabajo tenían una casa en Cedritos y debía levantarse a las cuatro de la mañana para llegar a las siete en punto a Fontibón. Salía a las cinco de la tarde y llegaba a su casa a las ocho de la noche, agotada pero dispuesta a atender a su familia.

Con su esposo formaron un negocio con los recursos que disponían y fundaron Servidrogas, un centro de distribución de drogas en el centro de Bogotá y en la llamada “zona negra” donde frecuentaban prostitutas, desplazados y maleantes. Ante sus desconocimientos en el negocio acudían por ampolletas a otras farmacias para ganarse algunos centavos, pues no tenían suficiente dinero para surtir el depósito. Conscientes de lo que sucedía, Roberto y María deciden asociarse con el señor Gamboa un familiar de los dueños de una de las empresas en las que había trabajado María. Fabricaron esmaltes, con la marca Love Lines (líneas de amor) que Roberto observó en alguna ocasión y le había gustado. Es así que inician en el mundo de los esmaltes, los ofrecían en almacenes de barrio y en grandes cadenas donde Ley y Tía aceptaron el producto.

Crisis y retos

Saliendo ya de algunos apuros económicos, deciden ir a Estados Unidos a buscar oportunidades, junto con sus seis hijos, (su ultimó hijo nació en 1971, diez años después del menor). Sin embargo, con todos los riegos a bordo se asociaron en el comercio de repuestos de avión, pero al cabo de un año, regresan a Colombia, víctimas de una estafa por parte de su socio que se voló con todas las ganancias. Les pidió una base económica, en la cual buscaron un préstamo con un interés del cinco por ciento, y no siendo su única decepción, al llegar a Bogotá y reencontrarse con el socio de la fábrica de esmaltes, se dieron cuenta que la marca Love Lines había sido negociada sin su consulta y de la que además no habían recibido ningún dinero durante su estadía en Norteamérica.

La marca Jolie de Vogue

Esta pareja decide sin remordimiento alguno separarse de su socio. Es aquí que enfrentan de nuevo un camino desconocido y deciden alquilar una casa vieja donde el garaje seria la fábrica de esmaltes con el nombre de Vogue que sería el comienzo de una gran marca, llevándolos a figurar en el listado de “mayores empresarios de Colombia”.

“Cuando las usuarias destapaban el esmalte se encontraban con un pegote y una especie de engrudo endurecido”, este inconveniente los hizo asesorarse de un amigo químico para aprender a compactar los esmaltes de una manera más técnica, que con los hermosos colores que María había logrado se convirtieron en el punto fuerte de la novedad. Iniciaron visitas a clientes para vender su producto, muchos de estos recorridos fuera de Bogotá, en todas las capitales del país.

Al principio con labores en ollas donde cocinaban los insumos químicos, con máquinas de escribir para hacer las facturas, una química y un empacador. Empezaron hacerle competencias a marcas ya posicionadas y atendían los pedidos de los únicos almacenes de cadena que había en ese momento en Colombia: Tía y Ley.

En 1986 entran en vinculación como patrocinador oficial del Concurso Nacional de Belleza, donde indudablemente marcó la historia de Vogue. “Fue un despegue definitivo para el reconocimiento internacional de la marca, el cual se fortaleció cuando la compañía adquirió la exclusividad de llevar a la Señorita Colombia al concurso de Miss Universo y el derecho para promocionar su marca Jolie de Vogue con la imagen de la mujer más bella del universo”.

En los años 90 enfrentaron un periodo de prueba. “La compañía casi se va a la quiebra por un negocio equivocado al que le apostaron una buena cantidad de dinero para ingresar al mercado de los Estados Unidos”. Casi en quiebra, este matrimonio logra salir de otra crisis, se proponen a reforzar la marca Jolie de Vogue, “salen de todos sus acreedores a mediados de 2006”.

María de Chaves vendió su empresa a la compañía francesa de productos de belleza L’Oréal París. Una decisión que para ella no fue nada fácil, pero con muchas expectativas positivas para la marca Jolie de Vogue, la que creó y por la que trabajó alrededor de 50 años.

Aquí culmina esta historia que enmarca el éxito de una marca que deja huella en la industria de cosméticos, con un sello colombiano y un ejemplo a seguir en el mundo del emprendimiento.

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